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Según los principios del Taoísmo (base filosófica del Feng Shui), en el inicio de todo era una sola unidad, una gran concentración de energía purísima identificada como Tao, llamado vapor primordial o fuente que, en la búsqueda de expresarse a sí misma, exploto en infinito amor para recrearse en la energía dual Yin y Yang. Estas combinaciones perfectas dieron origen a los 5 elementos, y de ellos nació Chien (energía masculina) y kun (energía femenina). Por naturaleza estas energías se atraen, se fusionan, y desde esta integración se da origen a todo lo que compone la creación, las “cosas innumerables”.
En palabras sencillas. La fuente creadora tuvo que expresarse a sí misma a través del masculino y femenino. El llamado en nosotros de encontrar un alma gemela es un código ancestral en nuestro ADN que nos incita a la unión total con nuestro opuesto para volver a reintegrarnos a la fuente como era en un principio. Ahora bien, ¿Quién es nuestro opuesto? No es solo aquel fuera de nosotros de sexo distinto el que forma parte de nuestra búsqueda. Esta también dentro de nuestra configuración interna.
Cuando comprendemos que nosotros somos todo, masculino y femenino, abrimos las puertas para que ese otro u otra lleguen a nuestras vidas, desde su totalidad. Cada individuo que vemos como ajeno pertenece a nuestro propio núcleo universal. Por tanto, dar lo que tenemos (y hasta lo que no tenemos, sin esperar nada a cambio) es la formula perfecta para encontrar lo que nuestra alma anhela, el amor es una corriente que fluye interminablemente de la fuente Mientras más demos de aquello que carecemos, amor, dinero o tiempo, más recibimos de la fuente a manos llenas.
El Tao, -camino para legar a un bien mayor, a una transformación real- comienza por romper los paradigmas de la separación, comprender que estamos unidos y que todos buscamos los mismos intereses: felicidad, alegría, paz interior, compañía y amor. La tolerancia y la compasión son las únicas llaves que nos llevan a un verdadero amor total, a la unión de las almas gemelas que somos, para reconocernos como una fusión total.